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Superar el Ego para el encuentro de la Luz y el Ser

por
@mir
22 Oct, 2016

El arco de Shiva

La historia

Una vez que Râma y Lakshmana consiguen vencer a los tres  tres demonios Subaru, Tataka y Maricha, se dirigen junto con Vishvamitra hacia el reino de Mithila, al noreste, donde gobierna Janaka, el padre de la hermosa Sita.

Sita, su hija, nació de la tierra mientras Janaka trabajaba con su arado. Desde ese momento, la adoptó como su hija, convirtiéndose en su favorita, por lo que, teniendo en cuenta su naturaleza divina, decidió que no cualquier hombre podría casarse con ella, sino que habría de ser aquel que consiguiera levantar el Arco de Shiva, que poseía el reino.

“Una vez, mientras surcaba los terrenos sacrificiales para limpiarlos, de la hoja de mi arado surgió una pequeña niña. Esta niña, que nació de la tierra, ha crecido como mi hija y es conocida en el mundo con el nombre de Sîtâ. Anuncié entonces que, al no haber nacido del vientre de ninguna mujer, sólo se la entregaría en matrimonio a quien superase una prueba de fuerza”

Muchos héroes, reyes y hombres intentaron levantar el arco sin éxito alguno, quizás algún leve movimiento, pero no más de unos milímetros del suelo, hasta la llegada de Rama.

“Cuando creció, los reyes de todo el mundo quisieron casarse con esta hija mía que la tierra me regaló. Todos tenían muchas ganas de convertirla en su prometida, pero yo dije que sólo la entregaría a cambio del valor. Vinieron todos los reyes juntos a probar su fuerza, pero ni siquiera pudieron levantar este arco, ¡y mucho menos tensar su cuerda! Cuando vi que eran débiles, rehusé entregar a mi hija a ninguno de ellos.

En cuanto el sabio y los dos discípulos entraron en el reino, todo aquel que se cruzaba con ellos, comprendían la naturaleza divina de los dos hermanos. Al llegar a la corte del rey, este se quedó maravillado porque sabía, por la esencia que desprendían, que estaba ante dos seres virtuosos. Tras las debidas presentaciones, comenzaron el torneo para ver si eran capaces de superar la prueba. Previamente muchos otros héroes habían llegado con intención de conseguir la hazaña, pero era imposible para todos.

Cuando llegó el turno de Rama, el público se encontraba maravillado. Él se acercó al arco, lo asió por el centro y de un solo tirón no sólo levantó el arco, sino que lo partió en dos. Tal fue el estruendo que todas las personas se desmayaron a excepción de Lakshmana, Vishvamitra, Janaka y el propio Rama.

“(…) Râma tomó con tranquilidad el arco por el medio. con toda naturalidad, frente a miles de personas, el virtuoso Râma alzó el arco celestial con facilidad.  Lo encordó, lo tensó al máximo y acomodó una flecha en él. Luego lo rompió en dos. El arco se rompió con un fuerte ruido, como el del chasquido de un trueno, y la tierra tembló como si todas las montañas se hubieran derrumbdo. Todos los espectadores, excepto Janaka, Vishvamitra y los dos príncipes, cayeron al suelo aturdidos por el sonido.”

Había llegado, por tanto, el Elegido.

Tras la alegría de Janaka, se preparó una comitiva para avisar a Dasaratha, el padre de Rama, de la buena nueva y así realizar todos los preparativos para engalanar la ciudad de Ayodhya y recibir al nuevo matrimonio. Así mismo, las demás hijas de Janaka fueron dispuestas para tomar matrimonio con el resto de hermanos de Rama.

Simbolismo y significado

Superar el Ego para unir la Luz y el Ser

Hay una pequeña historia que cuenta que Sita, cuando era niña, se encontraba jugando junto a sus hermanas cerca de la caja que contenía el arco, entonces una pelota rodó justo debajo y ella, con una sola mano, consiguió levantar la caja y el arco a su vez. Janaka, sorprendido, decidió que el hombre que consiguiera levantarlo también, se convertiría en su esposo.

Como ya sabemos, muchos guerreros, reyes y hombres fueron en procesión para conseguir levantarlo, pero para ninguno fue posible. Solo fue con la llegada de Rama que este no solo lo pudo levantar, sino que también lo rompió en dos.  Esto significa que Râma, y no otro, era el único que podía levantar el arco, era el que realmente estaba destinado a casarse con Sita, pues este es su camino, su dharma.

Del mismo modo, cada uno de nosotros somos los que vivimos el camino espiritual y conseguimos nuestras propias metas para alcanzar la Luz del Ser, simbolizada en Sita. El arco simboliza nuestro propio Ego que hemos de vencer y romper para que el Ser Exterior, o la Conciencia Suprema, pueda unirse con el Ser Interior, o la Conciencia Individual.

Principios del Yoga

Las etapas internas de la práctica: La mirada hacia dentro

Hemos desarrollado nuestra conciencia de esos obstáculos en la mente y en la práctica que debemos ir superando para poder continuar con nuestra práctica de yoga. Para ello es necesario que comencemos a navegar hacia dentro en vez de hacia fuera, continuar con el sendero yóguico que nos lleva de las prácticas externas a las prácticas internas; de la mente pensante y consciente a sumergirnos en nuestro mundo interior mediante los tres pasos del Yoga: Pratyahara, Dharana y Dhyana.

 

Pratyahara : la interiorización

Cuando practicas Pranayama, tu mente se calma y las energías se equilibran, por lo que nos volvemos más conscientes de nosotros mismos y de todas las sensaciones que suceden dentro y fuera de nosotros. Pratyahara nos va a ayudar a identificar dichas sensaciones para poder aislarnos de ella.

El significado literal de pratyahara es “la ausencia de los sentidos”. De modo que cuando profundizamos en su práctica, conseguimos que nuestra conciencia se “desactive” de nuestros sentidos, impidiendo así que los diferentes estímulos que recibimos del exterior (como un sonido estridente, una mosca que zumba, un olor que no agrada) puedan perturbar nuestro interior.

Así mismo, a medida que vamos desarrollando la práctica, poco a poco serán incluso los estímulos de los propios pensamientos los que podremos mantener en un segundo plano, evitando que puedan continuar perturbándonos.

Dharana : la concentración

Cuando nuestra mente deja de estar supeditada a los caprichos de los sentidos, entonces podemos conseguir centrarnos. Esto es, ser capaces de concentrar toda nuestra atención en un solo punto, que puede venir dado por la visualización de un símbolo, por el canto repetitivo de un mantra, o simplemente por la concentración en algún punto físico o mental.

Dhyana : la meditación

Y tras dicha concentración, aparece la meditación. Cuando conseguimos que nuestra mente se calme y se detenga, podemos comenzar a meditar. El punto en el que antes nos concentrábamos, de repente, comienza a expandirse y esa focalización se amplía para dar lugar a un estado en el que somos capaces de observar sin perturbaciones quiénes somos, qué somos, qué nos rodea… y, de ahí, ir acallando a la mente.

Punto negro sobre fondo blanco

¿Cómo puede llevar la concentración a un estado de meditación?

Para comprender de qué manera de la concentración pasamos a un estado meditativo, podemos realizar el siguiente ejercicio.

Toma una hoja de papel blanco, y dibuja un punto negro en su centro. Colócalo a varios centímetros de tu rostro, y mira fijamente el punto, sin perderlo de vista. Con el tiempo, vas a empezar a observar que el punto negro se difumina e incluso desaparece y que, de repente, tu visión se amplía hacia lo alrededor del punto.

De este mismo modo, la concentración lleva a un estado de meditación, en el que ese punto inicial en el que nos anclábamos, comienza a expandirse, y entonces del foco pasamos a contemplar el todo.

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