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Nosotros decidimos nuestra realidad

por
@mir
12 Nov, 2016

Muchas veces, cuando leemos los antiguos textos filosóficos y religiosos,  las ideas nos parecen escapar a la demostración empírica y de la comprensión actual, sin embargo, a poco que nos extrapolamos a otras ideas y buscamos similitudes, las encontramos en seguida.

La filosofía Advaita nos dice que la Realidad, el Universo, es una creación de nuestra propia mente (Maya), que, en realidad, esta no es la verdadera realidad, sino una gran ilusión en la que vives. Tocas, sientes, gustas, escuchas, ves… pero, en el fondo, todo ha sido creado por tu mente.

La realidad explicada a través de la Psicología

Y esto puede parecer difícil de asumir y de comprender… Sin embargo, la misma psicología muestra y demuestra cómo somos nosotros, seres subjetivos, quienes elaboramos nuestra propia realidad a partir del aprendizaje y de las experiencias que hemos ido acumulando durante nuestra vida.

Podemos comprenderlo a través del manido ejemplo del accidente de coche: hay un accidente de coche y varias personas presencian el mismo hecho, y entonces llega la policía que va a realizar la debida denuncia y a recabar hechos para saber de quién ha podido ser la culpa. Cada una de las personas que han estado presentes en dicho accidente van a dar una versión diferente de lo que ha ocurrido. Unas dirán que el coche rojo iba demasiado rápido, otras dirán que el otro coche se cambió de carril demasiado lento, otras dirán que uno no tenía visibilidad, otras dirán que la culpa es del estado de las carreteras… En fin, todas habrán visto las mismas imágenes, pero cada una hará su propia interpretación de lo mismo. ¿Por qué? Porque en nuestra percepción de la realidad influyen también nuestros valores, creencias, pensamientos, percepciones.

¿No nos ha pasado y nos pasa muchas veces precisamente eso? Sucede un hecho y cada uno de nosotros tiene una versión distinta para ese hecho, y buscamos explicaciones al mismo basándonos en nuestra propia percepción.

Somos nosotros quienes interpretamos los datos

¿Y qué quiere decir esto? Pues que, al final, nosotros vamos interpretando el mundo a través de nuestra propia mente, y percibimos según nuestra propia idiosincrasia. Recibimos una serie de información a través de los sentidos; estos, en realidad, son como radares que simplemente van ofreciéndote una serie de estímulos para que tu mente deseche los que no le interesen y se quede con los que sí le interesen. El interés va a ir propiciado por experiencias pasadas… Así que, al final, tú vas a interpretar todo lo que sucede según tu propia mente lo haga.

¿Es la realidad objetiva?

Y eso da lugar a que de ningún modo podamos percibir una realidad objetiva, pues, además, nosotros mismos no somos seres objetivos, sino subjetivos. Para que pudiéramos ser objetivos completamente, deberíamos ser como cámaras de vídeo que solo recogieran información y no la interpretaran.

Los historiadores, por ejemplo, son conscientes de eso… De que tenemos un filtro y que por mucho que queramos ser objetivos a la hora de contar la historia, es imposible hacerlo totalmente, pues van a influir nuestras creencias y nuestras experiencias. Con la realidad pasa exactamente lo mismo.

Así pues, ¿no está tan alejado de la ciencia moderna la idea de que el mundo es una ilusión creada por nuestra mente, verdad?

La realidad explicada a través de la Filosofía Oriental

buddha-76468_1920-200x300 Nosotros decidimos nuestra realidad

Cuando en la filosofía oriental se habla de “maya”, la Ilusión, suele hacer referencia a esa idea de que el mundo que nos rodea es la verdadera realidad y que te lleva a pensar que tú eres algo ajeno a todo lo que te rodea.

¿Qué sucede cuando nos pensamos ajenos al mundo que nos rodea?

Tomemos este matiz: “El mundo es algo ajeno a lo que me rodea”.

¿Qué sucede cuando pensamos que existe una dualidad entre el resto del mundo y yo? Que, de alguna manera, me convierto en una víctima del mundo y que es el propio mundo el que me hace ser o no ser de determinada manera, el que me lleva a experimentar ciertos hechos, vivencias, sin que yo pueda hacer nada para controlarlo.

Cuando existe esta dualidad, en la que yo no participo del mundo, sino que el mundo es quien determina mi destino, me convierto en una barca a la deriva completamente del oleaje que ahora venga.

Es decir, adquieres un papel de víctima. Y entonces nada de lo que hagas puede servir para que tu situación cambie; y entonces te acomodas en ese papel de víctima y lo único que puedes hacer es odiar a todo el universo por ser causa de tu sufrimiento.

¿Qué sucede cuando actuamos como creadores del mundo que nos rodea?

Ahora bien, y si le damos la vuelta y nos quedamos con la siguiente idea: “El mundo es una interpretación de mi mente”. ¿Qué pasaría entonces?

En esta ocasión ya no es el mundo el que te tiene a la deriva, sino que has decidido que el mundo es una interpretación de tu mente y que tú eres quien crea, quien destruye, quien se deja llevar, quien rema en esa barca a través de las olas. Entonces sucede algo increíble: eres libre. Puedes navegar allá donde quieras, sabiendo que, al final, todo lo que sucede lo estás interpretando.

universe-1044107_1920-300x204 Nosotros decidimos nuestra realidadPuede que resulte al principio difícil asumir esta idea. ¿Cómo puedo interpretar algo que yo estoy percibiendo? Si alguien viene de manera agresiva hacia mí ¿qué clase de interpretación es esa? En realidad, haría falta muchísimo conocimiento introspectivo, sabiduría interior, para ser capaz de desvincularnos plenamente (y es aquí donde los sabios trabajan) de todos y cada uno de los fenómenos de este mundo. Algunos sabios hablan de muchas vidas antes de poder desvincularnos… Sin embargo, sí que podemos comenzar dando un pequeño paso.

A lo mejor aún nos falte mucho sendero espiritual para desapegarnos de esta ilusión, de Maya, pero sí que podemos comenzar a hacernos responsables de nosotros mismos y dejar de culpar al mundo de aquello que nos sucede. Comenzar a centrarnos en cambiar nosotros y no cambiar al resto.

Haciéndonos responsables de nuestra vida

¿ Recuerdas los capítulos en que Rama comunica a su madre, a su hermano y a Sita la decisión de su padre y de la reina Kaikeyi de que se fuera al exilio? Él es el único que, en ningún momento, culpa a su padre y a la reina de su destino… de hecho, en ningún momento de toda la historia Rama responsabiliza de su situación a otra persona que no sea él mismo: ya sea por alguna mala acción que hiciera en el pasado y que ahora tiene sus consecuencias, ya sea por su ignorancia de los hechos, ya sea porque el dharma o el destino así lo ha estipulado. No importa, lo único que mporta es que él es el responsable de su vida y de todo lo que sucede. Eso lo incapacita para odiar a nadie. Aunque actúa, no odia: acepta. Él es quien pide la compasión hacia Kaikeyi, y comprende que su presencia (aunque ella esté en un error) la incomoda porque siente miedo de perder su vida. Rama es el único que lo entiende, porque es el único que ha conseguido superar el velo de la ilusión. Es decir, él es el dueño de todo su mundo, pues todo comienza y termina en él.

¡Cuidado! Ser responsable no significa autoculparnos de todo

Quizás lo dicho anteriormente te lleve a pensar que todo lo que nos sucede es culpa nuestra, o que somos los culpables de todo. Ciertamente, esto no es así. No se trata de comenzar a cargar con la culpa de lo que sucede en el mundo, sino de comprender que la interpretación que hacemos del mismo, y la respuesta que damos conforme a esa interpretación, sí es responsabilidad nuestra. Si sientes culpa es porque, al final, te estás dejando llegar por el mundo, en vez de surcarlo tú.

Imagínate que eres una persona con mucho sobrepeso, con obesidad. Quizás tu sobrepeso venga dado porque de pequeño tus padres no supieron alimentarte bien, o quizás porque la comida que consumes no es la más apropiada, o porque la industria alimenticia ha añadido aditivos a casi todos los alimentos y ahora te ves así. Y entonces tienes la sensación de que cuando sales a la calle, la gente te mira. No te compras esas prendas uqe a ti te gustan porque seguro que te señalarán con el dedo y se reirán de ti.

Y, de repente, tienes que salir a la calle y, en efecto, ves que la gente empieza a mirarte, y que hay cuchicheos y que notas cómo te señalan y te miran por encima del hombro. Así que vuelves corriendo a casa y te encierras y piensas que el mundo es despiadado, que tus padres no supieron alimentarte bien, que la industria alimentaria debería desaparecer, que te han creado una adicción que no puedes superar…

El mundo se ha confabulado para estar en tu contra.

Pero, ¿sabes qué ha pasado en realidad? Que tú has creado toda esta situación. Seguramente habrás salido a la calle con una actitud insegura, mirando a todas partes en busca de la burla. Las personas solemos percibir enseguida en otras personas esas inseguridades, y tu mente te lleva a pensar que “algo trama”, así que te han visto con ojos desencajados, mirando a todas partes con preocupación, cruzándote con cada una de ellas, intercambiando miradas inquisitivas y estas personas te han mirado a ti. Alguna habrá pensado “¿pero qué le pasa a éste, por qué me mira así?” y tú ya has sabido que te reprendía por tu exceso de peso. Y al final te has ido a casa corriendo pensando que el mundo se ha confabulado contra ti.

Ahora, eras tú quien se había confabulado contra el mundo.

Si tu caso es el del sobrepeso, o algo similar, estoy completamente segura de que si alguna vez te has puesto a dieta, has hecho las cosas bien, y has decidido salir a la calle aun sin haber perdido un gramo, te has sentido nuevo, renovado, poderoso de alguna manera. Has sonreído al mundo y ya no te insultan sino que te miran con admiración. Vas pisando fuerte.

¿Acaso ha cambiado algo? No. En realidad todo ha sido exactamente lo mismo. Lo que ha cambiado es tu manera de interpretar el mundo.

El mundo que ves, es un reflejo de tu interior

El mundo es solo una prolongación de tu mente. Para una persona temerosa, el mundo está lleno de peligros constantes; para una persona valiente, el mundo está lleno de desafíos increíbles. Para una persona criticona, el mundo está lleno de criticones. Para una persna envidiosa, el mundo está lleno de envidiosos. Para una persona traicionera, el mundo está lleno de traicioneros. Para una persona infeliz, el mundo está lleno de infelicidad. Para una persona positiva, el mundo está lleno de oportunidades. Para una persona bella, el mundo está lleno de belleza.

Y así podríamos continuar hasta el infinito, o casi.

Así que, deja de culpar al mundo por lo que sucede en ti, y comienza a tomar tú las riendas de tu propia vida. Sé tú quien decida cómo será tu mundo. Cuando algo te vaya mal, piensa qué puedes hacer para cambiar tu actitud hacia el resto. Quizás aún no estemos preparados ni evolucionados espiritualmente para cambiar el mundo, pero siempre podemos ser nosotros mismos los que cambiemos.

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