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El exilio de Rama, Sita y Lakshmana

por
@mir
12 Nov, 2016

Cuando Rama recibe la noticia de Kaikeyi y Dasaratha, enseguida piensa en que debe comunicárselo a su madre, a su hermano y a su esposa, por lo que se dirige al palacio en su busca.  Al poco tiempo, se encuentra con Kausalya y con Lakshmana, ambos ajenos a todo lo que sucede. Su madre lo recibe con sincera alegría, pero pronto su semblante se ensombrecerá tras las palabras de Rama:

(…) es algo terrible que os traerá mucho pesar a ti, a Lakshmana y a Sita. Debo marcharme al bosque y vivir allí catorce años como un asceta. Me alimentaré de miel, raíces y fruta y renunciaré a la carne.

Como un jarro de agua fría para los dos, atónitos con los nuevos acontecimientos, ambos intentan desesperadamente cambiar todo lo sucedido, y no dejar que Rama los abandone. Lakshmana enseguida se ofusca, pensando que su propio padre ha debido perder la cabeza para hacerle eso a su hijo más querido; que se ha dejado vencer por la lujuria y ha puesto en peligro al ser más querido, a aquel que ha sido incapaz de dañar a ninguna criatura, y que va a recibir el más doloroso de los castigos.

Kausalya, mientras tanto, llora desconsoladamente la suerte de su hijo y su propia suerte, sin comprender por qué Kaikeyi y Dasaratha castigaban de manera tan cruel a ella y a su amado hijo…

Rama, ante esta situación, viendo el dolor tan grande que les causa su partida, y necesitando el beneplácito de su madre para poder ir en paz, comienza a consolarlos con sus palabras cargadas de dharma:

– [Madre] No puedo ignorar los deseos de mi padre, inclino la cabeza ante ti y te pido que me liberes. Quiero marcharme al bosque y vivir allí. (…) Al cumplir los deseos de mi padre, estoy haciendo lo correcto. Y obedecer la orden de un padre es el más alto dharma de todos, al igual que cumplir con los deseos de una madre o de un brahmán.

Déjame que parta hacia el bosque -dijo Rama agachando la cabeza.-¡Te pido por mi vida que me permitas ir! Cuando haya cumplido esta desagradable promesa, regresaré a la ciudad. No puedo darle la espalda al mayor de los bienes solo por un reino. ¡La vida es demasiado corta para que disfrute de los placeres de la realeza injustamente!

(…) Mi padre es un hombre honorable al que ahora le preocupa la vida después de la muerte; dejemos que encuentre alivio para ese miedo.

Pero Lakshmana seguía lleno de tristeza y de rabia, sus ojos centelleaban, su ira iba creciendo hacia su propio padre y, sobre todo, hacia Kaikeyi. Así que Rama continuó hablando con serenidad:

Lakshmana, debes ver que el destino se ha ocupado de mi exilio y de la revocación del reino que se me había encomendado. ¿Cómo podría haber actuado Kaikeyi en mi contra sin la ayuda del destino? Sobre todo si nunca huno ninguna diferencia entre su hijo y yo. Sólo el destino pudo hacer que actuara de esa manera. ¿Por qué otra razón una noble princesa, rica en virtudes, hablaría con una mujer vulgar en presencia de su esposo?

Aquello que resulta inconcebible y a lo que ninguna criatura puede oponerse es un acto del destino. Acabo de aprender esto gracias a lo ocurrido entre Kaikeyi y yo. ¿Dónde está el hombre que puede luchar contra el destino, si éste solo se manifiesta a través de sus obras? El destino se revela en estas cosas: la dicha y la pena, el miedo y la cólera, las ganancias y las pérdidas, la existencia y la inexistencia. (..) Comprende que estaba destinada a hacerlo y reconoce le poder de la fatalidad.

Al escuchar estas palabras, Lakshmana comprendió todo, desvió su mirada sin saber muy bien si lo atoraba la vergüenza o la felicidad, aunque, aún así, aún tuvo palabras de protesta ante esta situación injusta.

Tras hablar con su hermano y su madre, Rama se fue a buscar a Sita.

Al terminar de contarle todo lo sucedido, Sita, desde su dulzura y su tranquilidad, simplemente le respondió asegurándole que si él marchaba, también ella lo haría. Enseguida fue a su armario para buscar una ropa adecuada con la que marcharse con él. Rama, confuso, la instó para que se quedara en palacio, pues el bosque era un lugar muy duro para una delicada dama como ella. Pero Sita se revolvió y le aseguró que ella lo seguiría allá donde fuera, y que el bosque también podía tener muchísimos encantos de los que disfrutar.

Seré tan feliz viviendo en el bosque como lo fui en casa de mi padre, sin una sola preocupación, pendiente tan solo de serle fiel a mi esposo. Encontraré la dicha en el aromático y floreciente bosque cuidando de ti y viviendo como un asceta.

Rama, te las arreglas para proteger a todo tipo de gente, ¿por qué no puedes protegerme a mí? Puedo vivir de raíces y frutos. No te causaré problemas. Anhelo ver las distintas clases de árboles, los ríos, las montañas y los lagos donde florece le loto y juegan los cisnes y las aves acuáticas. No tengo nada que temer porque estás a mi lado, soy feliz tan sólo estando contigo. ¡podría disfrutar de estos pequeños placeres durante cien mil años!

Rama, querido, sería incapaz de vivir en el paraíso sin ti.

Y después de hablar con su esposa Sita, Rama vuelve a encontrarse con su querido hermano Lakshmana, que ha tomado una decisión inamovible: irá con él y con su esposa al bosque para protegerlo de todos los peligros.

Aunque Rama rehúsa al principio, termina aceptando que lo acompañe, pues, ciertamente, unos momentos antes estuvo dispuesto a compartir su reinado con él; ahora tenía todo el derecho a compartir el exilio con él.

Permite que camine delante de ti con mi arco y mis flechas, construiré para ti un camino con una azada y una cesta (…)¡Haré guardia mientras tú duermes, y podrás disfrutar de las colinas con Sita mientras yo hago todo lo necesario!

Así pues, los tres, sin pausa, abandonaron el palacio para enfrentarse a su nueva vida.

Los habitantes de Ayodhya, que ya sabían de las nefastas nuevas, lloraban desconsoladamente. En el carro que dirigía el leal sirviente Sumantra y que los llevaría al bosque los tres se dirigían a su nuevo destino mientras escuchaban los gritos y lamentaciones de todos los ciudadanos: niños, hombres, mujeres, ancianos, sabios… todos corrían e imploraban a Rama que se quedaran con ellos.

Incluso el propio Dasaratha paró el carruaje para implorarle que se quedara y que lo destronara a él mismo, alegando que había perdido la cabeza… Pero Rama, que era cumplidor del Dharma, y que ya había dado su palabra a su padre y a Kaikeyi, y que no quería que esta sufriera por su causa, siguió adelante.

Aún continuaban siguiéndolos, así que Rama pidió al áuriga que fuera más y más rápido, pues volver la vista atrás le dolía en su corazón. Pero los ciudadanos continuaban con su peregrinación, así que, finalmente, urdieron un plan para despistarlos y poder ir libremente hacia el bosque: Sumantra, el auriga, les haría creer que habían tomado otra dirección. Se bajaron del carro, y los tres cruzaron el río dirigiéndose hacia el sur, hacia su nueva vida.

Significado y simbología

Rama es un fiel seguidor del Dharma, y eso significa que la palabra que mana de cada uno de nosotros tiene una fuerza inquebrantable pues a través de ellas formamos el mundo y la realidad. Su padre, Dasaratha, usó la palabra para prometer aun sin saber lo que acontecería. Rama, conocedor de este hecho, y más aún del Dharma, sabe que su destino, la obra de su vida, significa cumplir con lo que su padre prometió.

No existe ningún impedimento que lo lleve a cambiar de opinión, a variar en su decisión, por mucho dolor que cause a los demás, pues el Dharma ha de ser cumplido.

Pero para cumplir con su destino ha de despedirse de todo lo que le rodea, de las personas que más quiere. Es por ello que dedica tiempo a sus seres más queridos, para darle las noticias y decirles adiós. Sin embargo, dos de ellos van a exigir ir con él al bosque, pues, realmente, la trilogía será inseparable: su hermano Lakshmana, que será su protector y su esposa Sita, que será su Luz y su Sabiduría.

El Ser Cósmico, universal, la Conciencia Pura, representado en la figura de Rama, necesita de herramientas y vías para la Realización. Sita es la Luz del Ser, sin la cual Rama no podría existir o su existencia carecería de sentido; pero también representa a la Conciencia Individual, que acompaña a la Conciencia Suprema. Significa que ambos han de estar juntos, pues son las dos partes, las dos polaridades de una misma realidad. Así mismo, ambos son el símbolo de la Sabiduría (en Sita) y de la Intuición (en Rama), que deben ir siempre juntos para que puedan funcionar en plenitud.

Por su parte Lakshmana es el Camino, la Vía que protege a ambos y que los mantiene en unión. Lakshmana protege a su querido hermano Rama y a su esposa Sita. Él los mantendrá, en la medida de lo posible, a salvo, los cuidará y los protegerá, siendo quien marque el sendero por el que seguir.

Es ese el motivo de que Rama no pueda prescindir de sus dos grandes pilares en su vida.

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